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Infantil Fantasía de Plumas y Luminosidad

Bienvenido,-le da la mano cubierta por un delicado guante de tela.-espero no molestarte demasiado, así que te la haré fácil: estás soñando. Por eso es el uso de blanco, el todo en un suave relieve y de atractivo tacto. Todas las almohadas, almohadones y colchones. Intenta hacerte daño; aquí no puedes.
>>Era de esperar que vieras a todos lados sin entender cómo puede haber tan hermoso lugar. Sabes que tu mente lo inventó, ¿lo entiendes? Fue la última vez que no pudiste seguir a causa del dolor en tu espalda y brazos. Esa sí que fue una caída. Intenta caer ahora y verás lo cómodo que te resulta el suelo en este momento. He aquí lo único que necesitas: dormir. Ninguna otra cosa te resultará necesaria. Es de verdad.
>>¿Ves ahí? Todo lo que desees aparecerá con un chasquido de tus dedos. Sí, esos,-le agarra las manos entre las suyas- estos. Pruébalo.

-¿Has visto? Resulta casi increíble, pero es exactamente lo que estás viendo.-dice la figura, mientras recrea, con la mano, la sensación de totalidad.
>>Te estás preguntando sobre los vestidos que vestimos, ¿verdad? Son tan livianos y despiertan tranquilidad a quien los use. Apartando ese hecho, tenían que combinar con las cortinas.-suelta una tímida risilla.- No te molestes, son ideales para mantener apartada la lujuria. No demarcan demasiado el cuerpo.

>>Existe un silencio entre los dos, ¿no creés? Quisiera cortarlo pidiéndote algo. Una simple muestra de cariño.

Ven aquí. Listo. Felicidades. Hoy has nacido.

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Blessed are the forgetful

No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.