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Necesito despejar mis dudas

Escribo a ti con motivo de enunciar preguntas que permanecerán ausentes en mi habla... Hasta nuevo aviso.

¿Me sos sincero?
No me cuesta ver tus ojos y determinar que efectivamente hablás con la verdad. Pero la verdad no es suficiente en los casos en que se omiten ciertas cosas. ¿Acaso no notás que me doy cuenta de tu cautela al hablarme? Vivís cuidando tus palabras como si fueras a lastimarme con ellas. Ambos somos conscientes que a veces tienen más valor los silencios. Lástima que sea un valor tan destructivo.

¿Por qué me cuesta tanto creerte? ¿Por qué me cuesta tan poco quererte?
Tengo ese pequeño contraste entre lo excesivo y lo escaso. Y, al final, soy muy consciente de que el error es totalmente mío. La oposición entre tu fortaleza y mi debilidad. ¿Se entiende por qué me muestro tan reacia a conocer a alguien? No quiero llegar al extremo de debilidad que explota en mí.
Me debilita de a poco el alma y me estruja el corazón. Es preciso tratar de mantenerlo animado.

¿Por qué yo?
Resumo que no hay una respuesta digna o concreta para eso. Es justo el motivo por el que dudo: no confío en la destrucción abstracta. Volveré a formular la pregunta:

¿Por qué no otra?
Ceguera generalizada.

¿Sos acaso real?
Ceguera propia. No entiendo por qué es tan difícil de entenderlo. Me auto-explicaré:
¿Por qué lo harías?

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Blessed are the forgetful

No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.