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¿Cómo pudiste haber estado tan seguro?

¿Te das cuenta realmente la cantidad de normas sociales a las que nos enfrentamos al enamorarnos de un día para el otro? ¿Qué clase de pareja subsiste sobre los cimientos de semejante génesis?
Dejame intentar buscarle una explicación a ello: dos piezas de algún rompecabezas. No estoy segura de si fue el mismo o dos distintos, pero el azar se portó muy bien. Casi sentí un toque divino en aquello que fue el principio de un yo compartido sin necesariamente involucrar mi egocentrismo.
Curiosidad... ese halo de confusión fue el criminal de tal fechoría. ¿Quién sino aquél que no dejó ver una situación bajo los ojos de uno mismo? Porque no era mi figurita la que te miró, sino la neblina de un día que me reflejaba; la neblina de un día que se volvió claridad en el momento en el que más la necesitaba: el día siguiente.
Me amaste. 

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