Ir al contenido principal

Para la próxima...

¿Sabés qué odio? Nunca poder llegar a amarte.
Uno no puede amar algo que no existe, uno no puede llegar a ser uno con algo que no desprende o recibe calor. Uno no puede abrazar el amor porque no desprende calor de sí mismo. Uno no puede amar a un hielo.

Las polillas se sienten atraídas hacia la luz, pero nunca llegan a amarla porque no despren... Bueno, se entiende. Ese acto de desear lo imposible sólo porque no sabés si desprende calor. Esa necesidad de buscarlo como un ideal porque realmente no sabés si es lo que realmente estás buscando o una meta inalcanzable que ocupará el resto de tu vida.

Estoy segura de que quiero llegar a vos porque no sé las consecuencias de ese acto. Y, por ahora, lo único que me queda son tus restos, tus inservibles restos despojados de vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Isabel

  CAPÍTULO: RUPTURA TEMPORAL Conforme pasaba el tiempo, volvía a encontrar las caras, o los dioses. Hoy volví a ver a Isabel.  Ella no me reconoció, o no supo de dónde me conocía. Creo que se acercaba precavida para evitar exponerse. La nena que jugaba con mi hija tenía 3 años. "¿Es la única o tenés otro?" Yo sabía que me estaba mintiendo porque la conocí embarazada, en 2015. "Estoy esperando un varón", me había dicho. No hablamos más del tema, aunque me hubiese encantado preguntarle si ya tenía el nombre. Tan poco entendía de su trastorno que, a veces, sólo la miraba de reojo. Una de esas veces creí ver una panza de toalla.  Además, nadie hablaba del tema. Sólo seguíamos pensando en el tiempo, si iba a llover, si faltaban cigarrillos, qué íbamos a comer, esas nimiedades. Cuando llegaban los nuevos también hablábamos de cuánto tiempo nos quedaba ahí adentro. Una vez que estás afuera el tiempo comienza a dividirse en "antes de la clínica" y "después de...

Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.