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Claridad que ciega

¿Cuán mal puede llegar a estar? ¿Cuán culpable te podés llegar a sentir? ¿Cuán frágil realmente sos y cuánto lo usás como una excusa? ¿Qué buscás?

¿Ya te hartaste de ser feliz? ¿Tan poco te duró el enamoramiento? ¿Por qué tenés tantas ganas de arruinar lo más preciado que tenés? ¿Cuánto más soportarás la angustia? ¿Qué le vas a decir a tu psiquiatra mañana?

¿Qué habla la angustia de vos? ¿Qué dice? 

No voy a dejarte más con tus dudas, son dañinas para tu orgullo y tu integridad moral. Simplemente hacé como si no existieran, como si lo único que vive dentro tuyo es el anhelo de la claridad... Claridad que ciega todo lo demás, claridad apagada, triste; esa claridad que suprime y no la que construye, la que no deja ver. Claridad oculta, prohibida, inalcanzable. El tipo de claridad a la que no podés aspirar por estar muy inferior a su nivel.

Vos, ¿creerte capaz? Lo dudo tanto acá como en Júpiter. Sos un pollito desplumado, un pichón de mirlo naciente. Cualquiera puede romper tu cáscara e impedir que te sigas desarrollando. El amor que te tenés a vos misma sirve para llenar un vaso de tequila... Qué bien que te vendría el tequila...

 Hush, hush, my love, lo único que tenés que actuar es una facción de dignidad. Enfrenta el calor y atraviesa las paredes de fuego, nada es más fuerte que vos, ni siquiera vos misma. Controlate, vos podés, vos tenés la tímida capacidad de hacerme más fuerte. 

¿Qué dirías si te dijera que te amo?

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Blessed are the forgetful

No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.