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... y yo hace tanto que no te hago reír.

Si me muevo así y me estás viendo, hay algo raro.
Si te movés así y te estoy escuchando, es normal.

Si me siento de tal forma, me resguardo en su mano, siento sus labios en mi cabecita, hay algo mal.
Si hacés lo mismo, sólo buscás su amparo.

Dime, hostilidad, ¿por qué esa cara de daño?
¿Por qué ese manto de aferro? 
¿Por qué ese trato de engaño?
¿Cuál es la razón para que te presentes de manera impetuosa
en el corazón de esa niña preciosa?
Haciendo caso al estúpido estereotipo que es incapaz
de caracterizar a tu tipo. 

Intentá mirarme y pensar 
que me siento perfectamente en tu lugar.
Que ninguna de las dos tiene problemas ajenos que incumban más que los propios.
Que cuando despiertan en las mañanas, 
lo único es huir aterradas.
Lejos de lo que se siente
como pequeñas chispas hirientes.

Cerrá los ojos y visualizá que hemos varias de pasar
ese maldito portal entre la idea y lo real.
Que si tenés ganas de copular, 
bancate la que se te viene.

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