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Inmutable

Y posó su mirada fuera de las rejas de la ventana, le era inevitable mirar las rayas en el piso. No sabía lo que esperaba, pero definitivamente quería verlo a través de alguna señal. Si no la daba entonces daría todo por perdido hasta el día siguiente; siempre supo que habría un "día siguiente", sólo no quería que ese "día siguiente" se convirtiera en el de todos los días.

¿Qué habría de pasar? Lo que ya sabía que iba a pasar, lo predecible, lo que adoptó con la casualidad, a lo que se expuso desde el principio. Él muy bien lo sabía. Ella también. Ambos esperaban lo que efectivamente habían de esperar: "lo de siempre". Y ella se vestiría, ¿y qué entonces? ¿De nuevo? A veces le gustaba peinarse más despacio para ocupar tiempo, fingir que ya tenía algunas arrugas en la cara para aparentar que ya estaba un rato más cerca de algo distinto.

Él la miraría y le diría lo mismo de siempre mientras ella bosteza y demuestra asombro. Notablemente son peor combinación que varias bebidas alcohólicas. Él la reprendería por haber hecho esa comparación, la miraría feo y ella quizá lo rozaría. Él retrocedería y diría: "¡siempre lo mismo con vos!", pero sólo eso. Nadie haría nada al respecto.

Y el contacto sería el mismo contacto especial de siempre, sin ningún cambio, con las palabras afectuosas repetidas, mismas manos, los movimientos de siempre… Es el mismo amor de siempre, no hay nada memorable (digno de formar parte de la memoria). Y te amaría como siempre, con mi amor inmutable que no sabe por qué es amor.

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Blessed are the forgetful

No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.