Ir al contenido principal

Vos, Yo y nuestro Pukumundo

Esta cartita no pretende tener fines comerciales, periodísticos o políticos, simplemente pretende fomentar mis ganas de que todos sepan lo feliz que me siento cuando realmente recuerdo que tengo una persona a mi lado (especialmente yo). 

Será el hecho de que nos vamos a la mierda con los chistes de mal gusto.
Será el hecho de que ya sabés demasiado de mí como para dejarte ir.
Será el hecho de que nadie se va a dejar abusar emocionalmente como vos.

Será el hecho de que nadie va a vivir más cerca que vos.
Será el hecho de que nadie va a estar más dispuesto que vos.

Será el hecho de tu carita, o quizá tus ojitos.
Serán tus manitos y tus caricias, o tus inigualables sonrisas.
Será que nos entendemos con o sin palabras, serán tus miradas.
Será que a veces no hay nada mejor que vos y yo y nuestras voces silenciadas.

Será tu atractivo, tu inteligencia, tu disposición y tu modestia de caparazón.
Será tu encantadora ternura y no voy a hacer rimar nada con "ura" (porque sería muy desubicado).
Será la forma en la que te preocupás.
Será las sorpresas que encontrás.
Será que me hacés sentir más plena, más radiante, más humana. 
Será que en un abrazo no me permitís dudar nada.
Que en cada manito que agarra la mía siento todo y en un beso me siento realizada.
Será que quiero permanecer a tu lado todo lo que pueda y guardarte un espacio en mi corazón hasta que muera.

Será que te amo íntegro, ¡simplemente te amo! Que en este historial policial ambos somos villanos. Ambos nos robamos una parte del corazón del otro para construir el nuestro, el propio. Y simplemente te agradezco, me agradezco por existir, a vos por hacerme amarte y a mí por hacerme sentir.

Y agradezco a todos los que pasaron por tu vida y aquellos que pasaron por la mía por guiar otros caminos que nos llevaron a esto que, por cierto, no tiene nombre. Sólo un brindís por ellos, por vos y yo y nuestro Pukumundo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Blessed are the forgetful

No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.