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... como un gran collage.

Mi idea era empezar como con un

“No voy a decir nada
No voy a ceder…”

y seguir con algo del estilo, romanticón si se quiere, tipo como

“… No pienso acordarme de tu mirada
Cuando me produjo tanto placer.”

No, no, es inconcebible. Muy cursi, demasiado simplón, impensable que algo así salga de mis manos. Algo como…

Si bien no te quiero como debo
Si bien no te veo como querés
Ojalá te hagas la paja
Se te termine el agua
Y no haya papel.
Puto.

Impresentable, infesto, inflamable… ¡La última vez que te ponés a buscar en el diccionario para usarlo en una entrada! Decadente lo tuyo. ¿Por qué no lográs contentarte con lo que...? Definitivamente en algún lado tengo que poner un

“e’, wacho,
recatate, gil…”

pero nuevamente no lo creí conveniente.
Me pregunto qué es lo que me impulsa a ser tan inconsciente.
Ya lo dejé claro, lo último que querría es ser hiriente,
Pero tu corazón no puede evitar ser tan doliente.
Yo no quiero decir nada, pero es tu culpa por… niente.

(¿Se considera redundancia escribir la misma palabra en idiomas distintos dentro de una misma oración?)

No pocas veces se queda sin palabras, pero quizá hoy lo está haciendo con un motivo especial. Esta humilde creadora se disculpa esta noche por estar tan ausente, pasa que de un momento a otro me convertí en un collage viviente. Creo que de a poco voy recobrando el habla, estimo que era el hambre un poco el que engaña. ¿O quizá el sueño? Cualquier excusa viene bien con tal de escuchar otra voz que no sea la suya.

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

Blessed are the forgetful

No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.