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¡Cómo me (en realidad dudo) que pudieras leerlo!

Óreo:

Lamento omitir la formalidad de "querido", no fui yo la que no quiso, mi conciencia me obligó. Hace unos meses que vengo estando atada de manos y pies al más puro estilo Audition (foto anexada). Incluso tengo las marquitas en todas partes, creo que la soga me produjo una reacción alérgica. Hace un par de días que estoy buscando sugerencias acerca de un doctor, pero al parecer nadie está dispuesto a colaborar con mi causa. Voy a buscar algún sponsor copado, como Greenpeace o Pepsi, alguno que levante masas de descerebrados. Con todo el respeto (boluditos de mami).

Ando necesitando un propósito, alguna motivación que pegue lo suficientemente fuerte como para obligarme a moverme. Ya pensé quemar la casa o venderme como la domadora de yacarés, una situación que me ponga suficientemente al límite como para aclararme un par de temitas (la última vez dije "uno o dos" y me di cuenta que en realidad eran un par de temitas más).

¿Conocés el significado de Weltschmerz? Deberías, es la respuesta a muchos diagnósticos psicológicos que básicamente se inventan para que señorita maestra del paciente diagnosticado sea más considerada a la hora de amonestarlo. Es meramente eso, una excusa. Me da la sensación que el mundo, por callar su bestia interior, se guarda todo. ¿Y te imaginás qué pasa cuando el mundo no puede más? Le sale uno o dos tsunamis en la cara. Ergo, los descerebrados comienzan a tener motivos para preocuparse y la boludez se fomenta de una manera sideral (sí, las estrellas también son boludas).

Me repugnan, de pies a cabezas. Creo que preferiría comer una ensalada de cucarachas antes que tratar con ellos. Me siento tan asqueada que hice huelga de hambre por 15 minutos. No hubiera sobrevivido de haber tomado el camino contrario, realmente creo que un batracio saldrá saltando de mi estómago en cualquier momento. El que come y no convida...

Eso me está matando, convidar. Es una palabra realmente fea, no entiendo de qué manera se robó un lugar en mi vocabulario. Deberían imponer las clases de Catequesis obligatorias, con cinto y chancleta incluidos, a ver si estas palabras desubicadas logran entender las bases. Ya me desvié con temas banales de nuevo ('banal' es mi palabra del mes).

No sé qué más necesitás, yo estoy acá, y espero...
Y no me importa estar llena de marcas, aún más, no me importa si en cualquier momento empiezo a sangrar.
Yo igual espero...

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

Qué jodido es tener la convicción de vivir. Cualquiera vive así por inercia, en auto, pero decidir... Es decir, plantearse vivir. Buscar la manera de vivir. Hacer un terrible esfuerzo por querer vivir. Poner un esfuerzo, darle la mano a gente. El verdadero acto de altruismo: hacer vínculos sabiendo que te vas a morir.  Elegir vivir. Decidir vivir. Decirle que sí a gente. ¿Qué loco no? Yo pienso que cada vez que la gente se pone de novia está habilitando un pacto que no va a cumplir, porque se va a querer morir. Es decir, cada vez que te comprometés con un vínculo es un compromiso de estar vivo. Yo te prometo que voy a vivir hasta entonces no estemos más juntos. ¿Y después? O sea, sí, es un pequeño casamiento dado que lo que separa sería la muerte.  En otras palabras, ¿qué muere realmente cuando uno se separa? ¿Será posible que no sea realmente una muerte física? Aún yo tengo la convicción de que alguien se muere. No quiero que los demás se mueran. No me quiero morir yo tampoco...

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No tengo la desgracia de tener las memorias al alcance de la mano. Yo las archivo en cajones que se pierden en el vacío, un vacío al que a veces accedo en un descuido. Pero, la mayor parte del tiempo, es como si nunca hubiesen existido. Y, por más que se manifieste como pura felicidad, es también un suplicio. Cada historia que me cuentan la siento nueva, fresca, improvisada. Cada historia se reinventa en el momento que la cuentan, es verdad. Sin embargo, para los bendecidos es como si jamás hubiese existido algo parecido. Me gustan las fotos, porque me hacen acordar momentos. Casi puedo palpar el recuerdo. El problema es cuando ya ha pasado demasiado tiempo. La foto se gasta, el recuerdo se gasta, la sensación se gasta. Y queda... una historia. Que le pasó a alguien, una vez, en determinadas circunstancias con determinados sujetos. Y ese alguien fue feliz y tuvo un amor y reía delante y detrás de la cámara.