Me gustaría decir todo lo que tengo en la cabeza, pero odio ser cursi. Sólo quiero que sepas que te amo, con mil y un relieves, al derecho y al revés. A veces quizá más, a veces menos, pero siempre te amo de alguna manera que no llegarías a interpretar. Tanto te amo que no puedo visualizar tu contorno sin pensar que clama a gritos mis caricias, mordidas, pellizcones y besos, ¡todos al mismo tiempo!
Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.
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