No cedas ante el desgano cuando tu sonrisa tiene tanto más por brillar, tanta magia todavía por expresar, tantos saltos para provocarle a mi corazón. No cedas ante esa opresión que te hace retroceder cuatro escalones, disfrutá esos temblores erógenos, ofrecé tu corazón descalzo. Mantené tu luz prendida y tus labios ardientes, cantá la inevitabilidad, besá el ánima. Arrancá suspiros, robá sonrisas, corré contra el tiempo y quedate para siempre. Amá de todas las formas que se te ocurran.
Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.
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