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Ya te voy a conseguir un buen vino para disfrutar con la lectura.

Debe ser eso, te odio tanto porque me encantaría ser como vos. No vos, “como”, “casi”, “similar”. Difícilmente puedo poner en palabras lo mucho que te admiro, lo bien que me hace sentir tu presencia, lo atractivo que me parece que hables de lo que amás, la manera en la que olés tus libros, la que los tocás, el modo en el que los leés y todo alrededor se te escapa, se te muere, se hace humo.

Lo más curioso es que sé exactamente cómo sos sediento de carne, pero no es ese tipo de pasión la que me atrae, en absoluto. Es más, es totalmente repudiable.

Pero el amor que le tenés a los libros… Ese es tu verdadero atractivo.

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