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No puedo evitar escribirlo, me resulta mucho más fácil.

Más que una pareja, es un proceso. Estar juntos es esperar un cambio. Hasta que se produzca, hasta que yo empiece a manejar mejor algunas cosas, permaneceremos juntos. 

Seguimos juntos para no cortar de una, no nos conviene.
Sin embargo, creo que soy yo la que lo manipula para que no me deje.

Creo en esta salida, no es meramente para que se quede.
Sin embargo, creo que soy yo la que cree más en esta salida.

Él sólo quiere que le deje de romper las bolas, simple.
Ya pasó mucho tiempo y me cuesta dejar de sacar cosas que no le gustan.

Él solía tener mayor paciencia con cosas más simples.
Todavía le cuesta aceptar que hay cosas que son mínimas y no debería preocuparse por ellas. Lo hace igual.

Estamos el doble de susceptibles. 
Él nunca estuvo tan impaciente. Yo nunca tuve la autoestima tan baja.

¿Soy yo la que manipula o realmente mis argumentos tienen tanta validez?

Sé que tengo que aprender a estar sola. Esta manera parece efectiva.
Si no aprendo a llevar una pareja con él, al menos voy a estar un paso adelante en mi misión.

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Por unos segundos

Me juntó todas las piezas. Me movió todo lo que tenía ordenado. Me ordenó todo lo que tenía caótico. Odié. Pero amé. Y amé inconmensurablemente, como no recordaba que podía hacer. Volví a mi hogar, al árbol del cual caí. Robusto como el roble, maleable como el sauce. Sabio como ninguno, incansable como pocos, mágico como ella sola. Sus palabras pueden ser violentas como el agua de la tormenta, pero su abrazo está lleno de fuego. Sus brasas tienen un encanto ora voluptuoso, ora maternal. Me ata de manos. Me da alas. Me agarra de la mano para cruzar la calle. Me ama.

Habitar vivir

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