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Necesito despejar mis dudas

Escribo a ti con motivo de enunciar preguntas que permanecerán ausentes en mi habla... Hasta nuevo aviso. ¿Me sos sincero? No me cuesta ver tus ojos y determinar que efectivamente hablás con la verdad. Pero la verdad no es suficiente en los casos en que se omiten ciertas cosas. ¿Acaso no notás que me doy cuenta de tu cautela al hablarme? Vivís cuidando tus palabras como si fueras a lastimarme con ellas. Ambos somos conscientes que a veces tienen más valor los silencios. Lástima que sea un valor tan destructivo. ¿Por qué me cuesta tanto creerte? ¿Por qué me cuesta tan poco quererte? Tengo ese pequeño contraste entre lo excesivo y lo escaso. Y, al final, soy muy consciente de que el error es totalmente mío. La oposición entre tu fortaleza y mi debilidad. ¿Se entiende por qué me muestro tan reacia a conocer a alguien? No quiero llegar al extremo de debilidad que explota en mí. Me debilita de a poco el alma y me estruja el corazón. Es preciso tratar de mantenerlo animado. ¿Por qué yo? Resu...

Hoy ha muerto

Esto merece ser escrito. Hoy, luego de un lapso de tiempo bastante importante, he vuelto a soñarlo. Lo soñé con una sonrisa que ya no era "esa sonrisa". Lo soñé con una postura que ya no es "esa postura". Lo soñé como es, no como "era". Su cara es su cara y sus ojos son sus ojos. Mi inconsciente se está portando lúcido hoy. Creo que ni yo me doy cuenta de lo que significa este avance. Nunca lo había soñado tal como es; siempre estaba un poco más pequeño, con el pelo más largo/corto, más jóven... Nunca lo había soñado él. Hoy mis ojos lo ven, no lo idealizan. Supongamos que un día como hoy mi mente ha vomitado la imagen de un alguien.

Mi carta a Él

Te soñé pálido y pulcro el día de nuestro casamiento. Te soñé precioso como un diamante y ansioso como te idealicé. A medida que adelantábamos cada paso, un niño (o algunas veces niña) se unía a nuestra marcha. Eran hermosos como nosotros dos, ¡o más! Eran angelitos rubios y morochos, pero sin alas. Nuestras imágenes se marchitaban mientras ellos crecían en tamaño y número. Ideé un hermoso paisaje caribeño, mientras nuestros dos cuerpos despojados de ropa se zambullían en el mar. Una estrella se giró a mí y el cielo comenzó a derrumbarse. Esa lluvia estelar estaba fuera de mi control mental, pero sé que te gustó. Bastó tu susurro para que me hunda en tus brazos y, entrelazados, llegar al fondo del océano. Desperté delineando mentirosamente tu cara. Me alegraste el día.

Segunda carta a mi amado ausente

Hoy soñé despiertamente contigo. A pesar de estar bien lúcida, mi mente decía que dejara de pensar en aquél a quien no conozco, porque sabía que sólo le agregaba cualidades positivas a un ideal. Y sé que no existes allí, pero algún día viviríamos juntos sin necesidad de analizar si hacemos bien o no; si me importan tus cualidades o te importan las mías. Eso quiero que quede grabado en mi mente, pues no parece entenderlo.

Primera carta a mi amado ausente.

Carta a mi amado ausente: Hoy nos hemos encontrado. Tú no supiste que yo estaba ahí, pero yo pude verte. ¡Cuántas cosas quise decirte! Como que mi felicidad era inimaginable cuando me hiciste un cumplido; como que sentí vivamente que el insulto era yo. ¡Qué fácil es ver decaer un ideal! Mi amor, te escribo para tenerte presente cuando me ría de cómo te describí, para que, aún si no fuiste importante, pueda recordarte aún después de olvidarme de ti. Ni siquiera pude saber tu nombre, y estoy segura que no preguntarás por el mío. No quise decirlo, para que no lo supieras. Estoy convencida que, a pesar de todo, esta experiencia sirvió de algo.
Nunca puedo salir de eso. Nunca puedo mirar más allá. Es raro... Me tiene atrapada en un cuarto empapelado con fotos de él Es Él, y Él; ¡y Nadie más! No me interesa nadie más...